El presidente Donald Trump ha firmado una versión adaptada de una orden ejecutiva enfocada en la regulación de la inteligencia artificial. Tras haber descartado la propuesta inicial hace menos de dos semanas, la administración estadounidense reactivó la directiva tras el consenso entre asesores gubernamentales y líderes de la industria sobre la necesidad de establecer un marco de seguridad tecnológico.
El marco de acceso anticipado a modelos de IA
La normativa recientemente aprobada establece un mecanismo para que el gobierno federal acceda a los modelos de inteligencia artificial más avanzados 30 días antes de su distribución pública. Esta medida reduce el tiempo de revisión respecto a la propuesta original, la cual exigía un plazo de 90 días, un período que las empresas desarrolladoras consideraron excesivo para un sector en rápido desarrollo.
El documento no impone una regulación formal restrictiva, sino que diseña un proceso voluntario destinado a identificar los modelos tecnológicos de mayor capacidad. El objetivo de este acceso exclusivo de 30 días es proporcionar tiempo a los especialistas gubernamentales para detectar y mitigar posibles vulnerabilidades antes de que los sistemas lleguen al mercado general.
Preocupación por la seguridad en infraestructuras críticas
La orden ejecutiva responde a la creciente inquietud dentro del gobierno sobre el potencial disruptivo de sistemas de nueva generación, citando específicamente modelos como Claude Mythos de Anthropic y GPT-5.5 de OpenAI. Existe el temor de que estas herramientas puedan ser explotadas para orquestar ciberataques contra infraestructuras críticas del país.
Para complementar la revisión de los modelos, la directiva incluye mandatos específicos para otras áreas de seguridad nacional:
- El Pentágono tiene la orden de reforzar la seguridad de sus redes clasificadas en un plazo máximo de 30 días.
- El Departamento de Justicia debe preparar la presentación de cargos penales contra los individuos que utilicen modelos de inteligencia artificial para vulnerar o piratear sistemas informáticos.
- Diversas agencias federales deberán crear un proceso clasificado para determinar qué modelos requieren acceso gubernamental y seleccionar socios de confianza para evaluar estas tecnologías.
Reestructuración de la orden ejecutiva y actores clave
El 21 de mayo, Trump había archivado la primera versión de la orden debido a las advertencias de empresas de IA y de su ex zar de inteligencia artificial, David Sacks, sobre la carga que implicaban los 90 días de revisión. Sin embargo, ejecutivos de las principales compañías comunicaron posteriormente a la administración que la creciente sofisticación de sus modelos requería algún tipo de marco operativo gubernamental.
El impulso para reactivar la orden fue liderado por Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, en conjunto con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el director nacional de ciberseguridad, Sean Cairncross. Tras reuniones de alto nivel en la Casa Blanca, se redactó el texto final acordando el plazo de 30 días, logrando el apoyo de la industria.
El enfoque de sentido común de Trump de colaborar con la industria para equilibrar la innovación y la seguridad, consolidando así el dominio global continuo de Estados Unidos en IA y ciberseguridad.
La postura oficial de la administración fue comunicada mediante una declaración que incluyó esta frase por parte de la portavoz de la Casa Blanca, Liz Huston. Por su parte, el sector privado mostró su respaldo de forma inmediata. La empresa Anthropic expresó a través de la plataforma X que la orden representa un paso importante para fortalecer el liderazgo de Estados Unidos en la industria, mostrando disposición a colaborar en su implementación.
Negociaciones para un marco internacional
Con la orden ejecutiva en vigor, el gobierno estadounidense tiene la capacidad de trasladar sus regulaciones internas al ámbito de la política exterior. Se prevé que Scott Bessent comience a explorar conversaciones con China con el fin de evaluar la creación de un marco transfronterizo que supervise los sistemas avanzados de inteligencia artificial. Este proceso diplomático se encontraba en pausa mientras Estados Unidos definía su propia política nacional sobre la materia.
